23.09.2017
EL VIEJO MUNDO

EL VIEJO MUNDO

 

Los Pieles Verdes

2189167-BaxActionsLa guerra estaba en el aire, se difundía a través de las tierras como un reguero de pólvora. El humo se elevaba en cada horizonte y las nubes de aves carroñeras volaban bajo en círculos, anticipándose a la masacre. Con la promesa de la violencia llevada más allá por cada ráfaga de los crecientes vientos, los Orcos y Goblins comenzaron a aglomerarse, preparándose para una nueva y sangrienta edad.

Los Pieles Verdes tuvieron la abrumadora sensación de que algo grande se estaba gestando

En las Montañas del Fin del Mundo, los Orcos y Goblins acudieron en masa a seguir a Grimgor Piel'ierro el más feroz de su especie. Disfrutaba de la masacre y buscaba al enemigo más duro con el que podía pelear, pero a él no le importaba si un ejército lo seguía.

A Grimgor no podía importarle menos conquistar nuevas tierras o saquear asentamientos, se dirigió a Marienburgo, tratando de desafiar a los grandes campeones que se reunían allí. Poco sabía Grimgor que su alboroto hacía tiempo que había sido predicho... 

Wurrzag, gran profeta de su pueblo, buscó bajo la mirada de los tótems regados por esas tierras olvidadas. Siempre había soñado con encontrar al gran Kaudillo que podría reclamar el favor tanto de Gorko como de Morko, un señor de la guerra de los Pieles Verdes que podría ser el último y romper el mundo en pedazos. Nunca la confusa y errante mente de Wurrzag se había movido con tanta claridad; nunca habían sido sus visiones más lúcidas. Wurrzag arrojaba y leía los huesos, y luego los arrojaba de nuevo, dejando que le apuntaran en la dirección correcta. Vomitó puras energías místicas verdes, bañándose en las visiones que suministraban. Wurrzag se tambaleaba y giraba alrededor del fuego haciendo su mejor danza de guerra. Sin embargo, a pesar de sus frenéticos escudriñamientos, no alcanzó ningún  éxito. Vagamente, Wurrzag comenzó a darse cuenta de que tal vez no debía buscar a un todopoderoso Señor de la Guerra, había descubierto que atrayendo al Viejo Mundo los Reinos del Caos, podrían erigirse los portales dimensionales que contendrían los Vientos de la Magia, quedando solamente el mágico poder del ¡Waaagh! en todo el mundo.

Bajo estas señales ominosas, los grupos díscolos partieron; una turbulenta masa de tropas, bestias y monstruos que comenzaron su propia cruzada de destrucción. Ellos estaban dispuestos a luchar contra cualquier cosa que se interpusiera en su camino. Una vez más, el mundo se estremecía con los rugidos sonoros del ¡Waaagh!.

 

El Caos

1956539-chaosstarEl Artesano de la Disformidad se apoderó del Sudario del Dios del Odio, pero las tropas del Imperio le arrebataron la segunda Reliquia de Malal cuando ya casi estaba en su poder. Sin el Amuleto de Malal, el Artesano de la Disformidad necesitaba obtener el último Artefacto para poder vencer al Dios Renegado. En un intento de ahogar a sus enemigos, el Caos se ha dispersado por todo el territorio imperial aprovechando su superioridad numérica y la escasez de aliados con los que cuenta el Imperio.

Los ejércitos de Khorne arrasaron Kislev y se encuentran en el Norte persiguiendo a los supervivientes, que aún son leales a la Zarina, para impedir que estos reductos puedan reforzar las fronteras del Imperio.

El Heraldo de Nurgle está asolando con sus plagas, y la ayuda de los Hombres Bestia, las tierras de Athel Loren para que los Elfos Silvanos no puedan ir en ayuda de sus vecinos bretonianos.

Los acólitos de Tzeencht han provocado una revolución en Bretonia, su exitosa campaña ha puesto en el trono a uno de sus campeones, Mallobaude, que asesinó a su padre, el Rey Louen, justo antes de atrincherarse para consolidar su poder y evitar la huída de supervivientes hacia las fronteras del Imperio.

Las fuerzas de Slaanesh están asediando Reikland, la ciudad de Altdorf todavía no ha sido invadida y resiste los asaltos, pero sólo es cuestión de tiempo que los defensores sean derrotados si no reciben ayuda pronto.

 

El Imperio

Blasn_del_ImperioCorrían malos tiempos en el Imperio, y no paraban de empeorar.

Los presagios no habían pasado desapercibidos, aunque pocos se daban cuenta de los tiempos siniestros que se avecinaban. Muchos contemplaban el Cometa de Doble Cola y sólo veían esperanza, un resurgimiento o, quizás, el retorno de su dios-guerrero ancestral. El cometa brillaba ya tanto en los cielos que era visible durante el día, como un segundo sol observando desde las alturas. Y entonces los cielos resplandecieron con fuegos multicolores, y los sacerdotes recordaron a sus feligreses que Sigmar había venido cuando la humanidad atravesaba su época de necesidad más oscura, y advirtieron que un momento semejante podía estar próximo una vez más. Y así sucedió.

Cuando el Cometa de Doble Cola pasó junto a la expectante Morrslieb, se dispararon los casos de mutaciones, no solo en los miserables arrabales de las ciudades, sino también entre las clases adineradas. Algunos de los afligidos escuchaban cánticos oscuros entre los vientos. Abandonando sus vidas, viajaban al Norte, atraídos por una creciente oscuridad en sus corazones y en sus mentes. Las enfermedades también se multiplicaron, sobre todo en Altdorf, donde las Hermanas de Shallya tristemente declararon que la plaga era inmune a sus plegarias.

A medida que se incrementaba el número de flagelantes, estos se iban volviendo más violentos. Cuando el Cometa de Doble Cola pasó junto a la noble Mannslieb, las tropas estatales fueron movilizadas a varias ciudades para asistir a los guardias en la contención de las multitudes. En Nuln, ni siquiera esto fue suficiente. La ciudad se vio abrumada por fanáticos hasta tal punto que la nobleza apenas se atrevió a aventurarse más allá de las puertas de sus propiedades.

Durante las semanas siguientes, el destino del Imperio pendió de un hilo. Cientos de heraldos partieron de Altdorf para iniciar la tarea de encontrar aliados que reforzaran sus fronteras.

Entonces, mientras el Cometa de Doble Cola alcanzaba su perigeo, los exploradores informaron que habían visto hordas de norteños avanzando hacia el Sur a través de las estepas, hordas que eclipsaban totalmente a aquellas encontradas hasta el momento. En Altdorf, Karl Franz escuchó las noticias sobre el empeoramiento de la situación y redobló sus esfuerzos diplomáticos. Si el Imperio quería sobrevivir a aquella guerra, necesitaría aliados. Y si no encontraba esos aliados, necesitaría un milagro.

 

Marienburgo

MarienburgoLa elitista ciudad de Marienburgo asumía la invasión de las imparables huestes del Caos con una mezcla de sus sibaritas costumbres, bulliciosos disturbios y una frenética ansiedad por obtener nuevas noticias de los acontecimientos que por fin desterraba el aburrimiento de sus calles.

Aquella algarabía ofrecía una pizca de entretenimiento en las tediosas vidas de los ricohombres. Más conscientes de la amenaza, los mercenarios que componían el variopinto ejército de Marienburgo plantaban cara en las Ciénagas Malditas a las invasoras fuerzas del Artesano de la Disformidad y a los Pieles Verdes de Grimgor Piel´ierro mientras esperaban la llegada de unos inciertos refuerzos que se nutrían de Estalianos y Tileanos que ofrecían sus espadas en un desesperado intento de ganarse la vida tras huir de la caída de sus naciones a manos de los Skavens.

Mriemburgo es el mercado más grande del Viejo Mundo y la ciudad portuaria más rica, extensa, peligrosa y corrupta. Conocida también como La Ciudad del Oro, en esta urbe todo está en venta, excepto su preciada independencia, que ahora corre el peligro de ser tomada por la fuerza.

 

Bretonia

Bretonnie_LogoMallobaude, el hijo bastardo del rey, llevaba largo tiempo reuniendo un ejército en Mousillon, y en la víspera del invierno, desató a sus huestes para hacerse con el trono. Caballeros caídos en desgracia de todo el reino se congregaron en torno al estandarte de la serpiente de Mallobaude y, mientras Louen Leoncoeur, Monarca de Bretonia, reunía a sus propios ejércitos dispersos, la situación empeoró. Tras la Batalla de Châlons y la calamitosa desaparición de Morgiana le Fay, los Duques de Carcassonne, Lyonesse y Artois se decantaron por Mallobaude, y la rebelión se convirtió en una guerra civil.

Al principio, los seguidores de Mallobaude lucharon con la desesperación de los traidores, pero la bendición de la Dama permanecía junto a aquellos que cabalgaban al lado del Rey Louen. Uno tras otro, Leoncoeur derrotó a los traicioneros duques y metió en cintura a sus revoltosas provincias. Tras casi un año de campaña, parecía que se acercaba la hora final de la serpiente. Fue entonces cuando quedó revelada la auténtica dimensión de la maldad de Mallobaude; había sellado un pacto con Balthasar Gelt, el Patriarca Supremo de los Colegios de la Magia en el Imperio. A medida que los aliados humanos de la serpiente caían, los muertos marchaban a engrosar sus filas. Así descubrió el Rey Louen que Balthasar Gelt era ahora un proscrito en el Imperio acusado de practicar la Nigromancia.

En la Batalla de Quenelles, Mallobaude luchó contra Leoncoeur en combate singular, y arrojó al barro el cuerpo quebrado de su padre. Con la caída de su rey, los bretonianos perdieron toda voluntad de lucha y abandonaron el campo de batalla.

En cuanto al destino del Rey, nadie lo supo. Algunos dijeron que siete hermanas lo habían sacado del campo de batalla y llevado hacia el Norte, a la Aguja de Plata. Otros afirmaron que el Rey había muerto por sus heridas, y había sido enterrado en lo alto de la ladera sobre la ciudad que había luchado por salvar. Los más oscuros rumores dijeron que Leoncoeur todavía caminaba por las provincias del Sur, como un esclavo sin cerebro de Balthasar Gelt. Cualquiera que fuese la verdad sobre el destino del rey, su ausencia supuso un grave daño para Bretonia.

La hora de su victoria estaba cerca, y como decía la profecía, Mallobaude no podía ser detenido por ningún hijo mortal de Bretonia.

La guerra civil había condenado al exilio a los caballeros que lucharon junto al rey mientras que los Señores Feudales rebeldes fueron recompensados por sus traicioneros actos. En su permanente lucha contra la Oscuridad, los ahora Caballeros Herrantes, se han unido para dar cumplimiento a su nueva cruzada, hallar a la desaparecida Dama Morgiana, quien podría conceder una nueva vida a Gilles el Bretón para que liderara a los suyos una vez más, pues la profecía del retorno de Gilles presagia que liderará a los suyos en su hora más oscura. No obstante, varias Órdenes de caballeros optaron por combatir contra la gran amenaza que supone la invasión del Caos en Marienburgo, pues consideraron que la hora más oscura de Bretonia aún estaba por llegar.

 

La Legión de los No Muertos

Bandera_SylvaniaLa oscuridad yacía sobre Sylvania. El aire estaba cargado de encantamientos apóstatas y de un impío miasma que socavaba el valor de hasta el alma más valiente. Sylvania era ahora una tierra que quedaba más allá del poder de la oración.

En las mazmorras del castillo de Drakenhof yacían los restos de Vlad von Carstein, cómo habían llegado hasta allí era un misterio, pero teniendo en cuenta los problemas que asolaban la capital del Imperio, nadie los echaría en falta. El Vampiro era crucial para los intereses de Nagash; era la base sobre la cual había construido su mayor plan.

Este nuevo plan había sido el trabajo de muchas vidas que habían dedicado su existencia, incuso más allá de la muerte, para descifrar la profecía oculta en los libros de Nagash. Descifrar el código había llevado demasiado tiempo, tiempo en el que los siervos del Caos casi evitaron que se cumpliera la profecía, pero no lo consiguieron.

El mundo toca a su fin, aunque pocos lo creen. En todas partes los muros de la civilización se estremecen y comienzan a resquebrajarse. Sin embargo, mientras los reinos del Viejo Mundo están pendientes de sus fronteras, el Gran Nigromante Nagash, ha regresado. Estimando que el momento de la resurrección había llegado, Nagash había elaborado un plan para detener de una vez por todas las pretensiones del Caos.

Aunque el advenimiento de Nagash se había realizado a la perfección, no todo se había desarrollado como había previsto. Su reino no había sido inmune a las turbulencias de los últimos meses. Habían aparecido portales oscuros en aquellos lugares donde la muerte se había extendido con más fuerza, vomitando demonios para echar a perder el orden y la tranquilidad de Sylvania. Pocas de tales incursiones habían durado, ya que Sylvania no era una pendenciera provincia mortal y sus ejércitos podían aplastar fácilmente a los invasores.

Para liderar de nuevo a las huestes de Silvanya, Nagash resucitó a su mejor caudillo, Vlad von Carstein. Pero el vampiro, mostrándose desafiante, exigió la resurrección de su amada Isabella von Drak a cambio de su colaboración.

Durante siglos, el vampiro había anhelado conquistar el Imperio para transformarlo en un reino donde gobernara la oscuridad y la fe no tuviera poder. Ahora, ese objetivo carecía de importancia, tan solo anhelaba recuperar a su amada. Aceptando las exigencias de Vlad von Carstein, Nagash decidió enviar sus legiones de No Muertos de Sylvania a las desprotegidas tierras de Marienburgo, para hacer causa común contra los Ejércitos del Caos tras pactar una histórica alianza con el Emperador Karl Franz. Pero estos son tiempos de traición y la alianza entre Boris Todbringer y Vlad von Carstein no es más que una de las muchas que se pondrán a prueba.